L'edifici tenia dotze plantes. Ho sabia el conserge, lo juraban los planos y lo repetía la voz del ascensor.

A las tres de la madrugada apareció un botón nuevo: 13. Lo pulsé.

Las puertas se abrieron a mi antigua casa. Mi padre, muerto hacía veinte años, cenaba sin levantar la vista.

—Llegas tarde —dijo.

Detrás de mí, el ascensor cerró sus puertas y empezó a bajar sin nadie dentro.