Durante siete inviernos, Lara encontró una taza pagada en la mesa junto a la ventana. El camarero solo decía que alguien había llegado antes. Ella dejó un libro como respuesta.
Al invierno siguiente el libro volvió con frases subrayadas. Comenzaron a conversar en los márgenes: sobre el frío, los trenes y las vidas que no habían elegido. Nunca firmaban.
El octavo invierno no apareció la taza. Lara esperó hasta el cierre. Cuando abrió el libro encontró una dirección y una frase: «Esta vez llegué demasiado tarde».
La dirección era la cafetería. Lara levantó la vista. Al otro lado del cristal, un hombre sostenía una taza y el mismo libro. Habían pasado años escribiéndose para reunir el valor de entrar al mismo tiempo.


