Clara restauraba espejos y sabía que la plata envejece como la piel. Sin embargo, The palace mirror was not rusty: tenía los ojos cerrados.

Al acercar la lámpara, el reflejo abrió los suyos un segundo después que ella. Clara retrocedió. Su imagen permaneció quieta.

Durante semanas evitó cubrirlo. Temía lo que pudiera hacer mientras dormía. Una madrugada lo encontró vacío. En el taller no se reflejaba nadie, aunque todos los demás espejos mostraban a una mujer golpeando desde dentro.

Clara cubrió cada cristal con una sábana. Desde entonces duerme rodeada de superficies opacas. A veces, justo antes del amanecer, oye cómo algo abre los ojos en la oscuridad.