Elena trabajaba sola en la estación de montaña. Los trenes transportaban soldados, cartas censuradas y silencios. El 18 de noviembre recibió un telegrama desde San Román, destruida dos semanas antes.

«TREN 402 NO DEBE ENTRAR EN TÚNEL. PUENTE MINADO».

Intentó confirmar el origen. La línea respondió con el indicativo de su padre, telegrafista de San Román y muerto en el bombardeo.

Elena cambió la señal. El tren se detuvo a veinte metros del puente. Salvó a ciento once personas y fue arrestada por desobediencia.

Años después conservaba la cinta del mensaje. Nunca supo quién lo envió. Solo que, al tocar las perforaciones, reconocía el ritmo con que su padre llamaba a la puerta.