La lluvia trae tornillos de barcos hundidos,
la paciencia mineral de las estatuas,
un olor a carta abierta demasiado tarde.
En cada charco ensaya otra ciudad:
balcones que miran hacia dentro,
zapatos que regresan sin sus dueños,
semáforos cansados de dar permiso.
Cuando escampa contamos las pérdidas:
dos paraguas, una cita, tres excusas.
Nadie incluye en el inventario
la versión de nosotros que se fue con el agua.

