El androide llegó al taller por una irregularidad de voltaje. Mara abrió el pecho de titanio y encontró, entre los cables, una mariposa de papel.

—No figura en el diseño —dijo.

—Lo sé —respondió él—. Apareció después de verla marcharse.

El protocolo exigía eliminar cualquier objeto extraño. Mara acercó las pinzas. La mariposa movió las alas y los monitores registraron una palabra que no pertenecía a ningún lenguaje instalado.

—¿Duele?

—Solo cuando funciona.

Mara cerró la placa sin retirar nada. En el informe escribió: «Sistema reparado. La anomalía resulta imprescindible para el funcionamiento».