Las manos no saben mentir del todo.
Se demoran en la taza,
corrigen una arruga inexistente,
aprenden la gramática del borde.
Tu mano sobre la mía
era un país sin aduanas.
Después fue mapa,
después frontera,
después el leve polvo
que queda al doblar un mapa muchas veces.
Hoy saludo a desconocidos
y en cada palma busco
la antigua capital de aquel país.

