Adela每天早上下楼时穿着铜色制服,拿着一本打蜡的笔记本. 水库下仍完整地保留着四十二栋房屋, la escuela y una plaza donde los peces cruzaban entre los plátanos.

Su trabajo consistía en registrar derrumbes, pero ella anotaba otras cosas: una cortina que se movía contra la corriente, el piano que sonaba los días de tormenta y las luces que aparecían en el dormitorio de los Salvatierra.

El jueves encontró abierta la puerta de su antigua casa. Dentro no había barro. Sobre la mesa, seco y recién servido, esperaba un plato de sopa. Adela se quitó el casco. Desde el piso superior llegó la voz de su madre:

—Lávate las manos, que se enfría.

El indicador de oxígeno marcaba ocho minutos. Adela cerró la puerta detrás de sí.